domingo, 3 de julio de 2016

Ice Age Sex

Puede que en otra vida fuera sirena, caballito de mar o medusa porque me pone el agua una cosa mala. Bueno, para ser más exacta, los líquidos en general. La Sitofilia, el Body Shot y demás derramamientos me hacen sentir más feliz que un pato chapoteando en un bebedero de ídem. Si te tengo ganas y tú ninguna de acabar empapado, nunca (repito: nunca) te acerques a mí si sostengo una botella de zumo, batido o champán en mis manos (si es de cerveza puedes arriesgarte, siempre me ha parecido menos glamurosa, pero tampoco te confíes demasiado). En mi descargo decir que luego lamo hasta dejar la piel seca y limpia como los chorros del oro, pero hay mucho acuafóbico por ahí que no sólo se niega a echar un polvo en la bañera, también a que lo bañen.




Por fortuna, también hay muchos pececillos reencarnados que disfrutan de los líquidos en todos sus estados, incluyendo el sólido. ¿Eres uno de ellos? Entonces lee mi reportaje Ice Age Sex para aprender a disfrutar del sexo con hielos y luego, confiésame si prefieres con un helado o un cubito.

Brenda B. Lennox ©

jueves, 9 de junio de 2016

Entrevista a Toni Chaptom

Siento absoluta fascinación por Toni Chaptom. Seguro que si buceas en Desiderium su obra te hechizará como a tantos que, como yo, le consideran un destacado fotógrafo fetichista: el Magazine Von Gutemberg, Secret Magazine, Cuadernos de BDSM... Sus fotografías de paisaje urbano destilan una inquietante belleza. Edificios derruidos, habitaciones abandonadas al polvo, descampados... en los que una mujer domina la escena. Son la bella y la bestia. ¿Pero quién es la bella? 



En esta entrevista responde a esa y otras preguntas.
Brenda B. Lennox ©

viernes, 3 de junio de 2016

It´s only Rock and Sex but I like it


Cuando una ve en una entrega de premios a una jovencísima cantante pop creada por las compañías discográficas pasándose una mano de fieltro (de esas con las que se jalea en los estadios) por unas braguitas blancas que transparentan su depilación brasileña mientras saca la lengua en un intento estudiado de escandalizar y excitar a las masas, no puede menos que pensar en aquella mítica tarde de marzo de 1973 cuando el sello discográfico sueco Metronome Records entregó a Led Zepellin los discos de oro por su quinto álbum; Houses of Holy. Allí estaban los cuatro miembros, con sus discos en la mano, posando ante la cámara de Bengt H. Malmqvist mientras, en primer plano, una pareja follaba en directo tumbada en una cama. Chúpate ésta y no un martillo, Miley.





Nadie discute que otros géneros musicales hayan sido la banda sonora de muchas noches de amor; pero si hablamos de sexo sólo de sexo (sexo contemporáneo, por lo menos, a saber qué escuchaban los romanos en sus orgías) su banda sonora es Rock. Si este te sube la temperatura tanto como a mí, te recomiendo mi reportaje It´s only Rock and Sex but I like it. ¿Cómo? ¿Que la canción no dice eso?Pues debería, ¿no crees?


Brenda B. Lennox ©

miércoles, 18 de mayo de 2016

Crucifixión

Nuestros días eran marcas
en el suelo
de la jaula;
y para ti simples muescas
en el cabecero
de la cama.

Rellenábamos quinielas
cuyo premio era
pernoctar
en tus bragas;
apostando entre nosotros
la dignidad y las entrañas
con el as de corazones
que atravesabas
infame reina
de espadas.

Porque siempre,
siempre,
             SIEMPRE,
porque siempre
hacías trampas
con tu moneda sin cara
y tu baraja
trucada.

Leyendo en nuestras palmas
cruces de caminos
que no llevaban
a casa.

Tu vientre
cáliz yermo
en el que verter simiente
que no germinaba.


Luis Royo

























Y aquí estás como la muerte
que causabas.
Las cadenas y los maderos
te aguardan.

Arrancaré tu piel de serpiente
para que no puedas mudarla;
todos verán que el disfraz
no alberga nada.

El sexo expuesto
a las miradas:
el ombligo de sus mundos,
el remolino de la cloaca.

Sabrán que eras Is Dahut
y no una santa;
una diosa venida a menos,
una furcia barata.

Leerán el futuro
en tus entrañas.
No habrá Pilatos
que pida la gracia.
Ni perdón de un mesías
para la ladrona de almas.

Y cuando grites mi nombre,
a mi espalda,
sabrás que he ganado
esta cruda guerra
aunque tú vencieras
en todas las batallas.

Brenda B. Lennox ©

lunes, 9 de mayo de 2016

Entrevista a Antonio Graell

Antonio Graell lleva treinta años fotografiando; aunque ha tocado todos los campos, en los años noventa decidió especializarse en el retrato y la fotografía erótica, fetichista y de glamour, donde ha desarrollado su trabajo más personal. La calidad del mismo, como podéis apreciar en su web, le ha convertido en un referente a nivel internacional.

Me fascina su fotografía, destila sensualidad, oscuridad y perversidad pero no se desliza cuesta abajo hacia lo grotesco, lo escabroso, la provocación gratuita. Las mujeres dominan la escena. Su mirada atraviesa la distancia y sientes que tras ella bulle  un mundo secreto que apenas has atisbado.



Le conocí personalmente en El Dinosaurio todavía estaba allí. Había escrito mi poema Crucifixión basándome en una de las fotografías que formaron parte del libro Crucifixión Siglo XXI, aunque por un malentendido entregué el poema tarde y quedó fuera del proyecto.

Estaba realmente intimidada al saber que iba a tomar un café con un referente de la fotografía y cuando apareció con su imponente cuerpo de 1.85 de altura y su peculiar barba hasta el pecho sentí un deseo imperioso de salir corriendo de allí. A los diez minutos de conversación no me hubieran separado de él ni con espátula: me había atrapado como atrapa a sus modelos: no son las mujeres las que dominan la fotografía de Antonio Graell: es él el que las domina, consiguiendo que miren a la cámara y muestren parte de su alma. Como me pasó a mí en esta entrevista.


Brenda B. Lennox ©


martes, 3 de mayo de 2016

Ninfomanía:la eterna sucesión de Fibonacci

Según la DRAE, una ninfómana es una mujer que padece Ninfomanía (Furor Uterino), es decir: un deseo violento e insaciable de entregarse a la cópula. ¿Y qué es la cópula o copular?: «unirse o juntarse sexualmente». Y ya está. Reflexiono. Al leer «Furor uterino» me vienen a la cabeza aquellas películas del destape en las que las suecas tenían muchas ganas de caña y se volvían locas con el macho ibérico (pobres). Nada de españolas cantando «Suecos os recibimos con alegría» que hubiera sido lo lógico considerando lo mal folladas que estaban porque los hombres no sabían ni qué hacer con el clítoris y pensaban que el punto G era un mito.

Sigo pensando y me doy cuenta de que si ahondo un poco más y descarto la imagen de sueca cachonda y divertida, me viene la de arpía perversa y dominadora de hombres como Lilith, la primera mujer, que abandonó a Adán porque, según cuenta el folclore judío, cuando hacían el amor Adán le exigía que se pusiera debajo: «¿Por qué he de acostarme debajo de ti? —preguntaba—: yo también fui hecha con polvo, y por lo tanto soy tu igual». Así que lo abandonó en busca de polvos mejores con Samael dejando a Adán con una compañera nacida de su costilla y, por ello, más sumisa (aunque malvada también porque le hizo morder la manzana y fue arrojado del Paraíso por ello: somos todas unas víboras). Debe ser eso, sí, una Ninfómana es como Lilith, condenada a ser un demonio malvado que devora los hijos de otras y copula como un súcubo con los pobres hombres indefensos para que la fecunden y parir a hijos (no sabemos si con dolor) a los que Dios matará diariamente por cientos. 




Joe, la protagonista de la película Nymphomaniac de Lars Von Trier que ha inspirado este reportaje, el primero que escribí para sexológicos (ahora La magia de los sentidos), es ninfómana por lo que no disfruta del sexo realmente, sufre con él, está atrapada. Los polvos son una eterna sucesión de números, la sucesión de Fibonacci, una metáfora perfecta usada por Von Trier. No deja de resultar irónico que este matemático la creara para solucionar la cría de conejos: ¿cuántos conejos saldrán de una camada que vive en un recinto cerrado? ¿Cuantos polvos puede llegar a echar una conejita? Joe sabe que un taladro llena un orificio, pero sólo durante un rato, cuando se retira, éste es mayor. Pero es ninfómana, no puede parar. El vacío no puede ser llenado.

Brenda B. Lennox ©