lunes, 9 de octubre de 2017

Importa lo bien que toquen

Al igual que el fútbol es territorio de los machotes, durante mucho tiempo, la vertiente más salvaje del Rock era territorio de hombres de pelo en pecho y huevos duros como bolos.

Puede que se permitieran licencias en el Glam Rock o en el Heavy, pero algunos protegían el Hard Core de influencias gais como si les fuera el virgo en ello y no dudaban en atacar cada vez que se les presentaba una oportunidad. 

Hasta que en enero de 1998, el “Dios del Metal” salió del armario.



Porque, como explico en este artículo, no importa a quien toquen, sino lo bien que toquen , ¿no?


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