jueves, 3 de noviembre de 2016

Lustra la perla

«Escucha lo que voy a decirte, Karim Al-Haachach: si los higos de las mujeres tuviesen el mismo sabor que los higos que dan las higueras de Egipto, ellas serían felices por comidas y nosotros dichosos por glotones» El sabor. Felipe Benítez Reyes.

Sin duda, las mujeres seríamos muy felices, Karim Al-Haachach, si los hombres fueran glotones; de hecho, creo que no nos importaría poder decretar, como la emperatriz china Wu Zetian, que los embajadores de otras tierras nos rindan pleitesía mediante un cunnilingus. Pero nuestro sexo no sabe a higo de higuera al igual que el vuestro no sabe a miel y, por desgracia, no somos emperatrices que puedan dictar decretos tan interesantes.

Me viene a la cabeza aquel capítulo de Sexo en Nueva York cuando Charlotte se liga a un hombre conocido por su obsesión de practicar cunnilingus sin parar a su amante de turno; no quería hablar, no quería una felación, por no querer no quería ni follar: sólo comer y comer y comer. La primera noche ella tuvo, si no recuerdo mal, ocho orgasmos seguidos: para hacerle la ola al chaval.


Thomas Brucker

Es sabido que a los hombres les encanta que les hagan una felación, pero no es menos cierto que a las mujeres nos chifla que nos hagan un buen cunnilingus. De hecho, la fantasía más recurrente en ambos sexos es la del sexo oral. Pero parece, según las estadísticas, que los hombres son mucho más egoístas ya que practican menos sexo oral que nosotras: chicos malos, recordad la máxima latina Quid pro quo, leed este reportaje y luego bajad a «lustrar la perla».

No hay comentarios:

Publicar un comentario